EL CHILOTE NAVEGANTE

El clima no ayudaba mucho a la navegación. El mar interior de Chiloé está ubicado entre las latitudes 41 y 43 grados sur. Estas latitudes eran famosas por sus temporales al extremo que los grandes veleros mercantes (clippers, windjammers) las conocían como los rugientes cuarentas. Aun cuando este mar interior estaba protegido por la isla de Chiloé, las pesadas y panzudas lanchas chilotas tenían que navegar muchas veces con fuertes vientos, lluvias que duraban varios días y a veces semanas, mar gruesa y escasa visibilidad. Si se desataba un temporal no quedaba otra que correr a tierra y fondearse en donde se pudiera.
Había una gran escasez de informes del tiempo, y si los había, estos eran muy precarios por la falta de instrumentos y lo poco avanzado que estaba la mete reología en aquellos años. La casi imposibilidad de disponer de una radio común,
(ni pensar en una marina) o diarios para informarse sobre los pronósticos del tiempo hacía que los capitanes tuvieran que decidir sobre sus zarpes más bien basado en sus experiencias y capacidades para interpretar el cielo y el mar.
Las actividades de los isleños estaban regidas por las mareas, las cuales eran como un verdadero reloj de mar que gobernaba su quehacer diario. Había que esperar las mareas para que las carretas de bueyes o los carretones de caballos pudieran acercarse a las lanchas. Lo mismo para determinar los zarpes y los arribos ya que estas determinaban las posibilidades de fondeo o varamiento. En esta región el rango de las mareas puede alcanzar hasta siete metros y cientos de metros cuadrados de desplaye en la marea baja. Este gran rango de fluctuación de las mismas origina a su vez fuertes corrientes.
Nuevamente era la experiencia y los conocimientos prácticos de los capitanes los que salvaban el día. La posición de la luna, las horas del día, el día del mes, la configuración del lugar, la estación del año, eran todos elementos que estos capitanes guardaban en su memoria.
Cada fondeadero o varadero tenia su propia configuración y relieve lo que hacia que cada uno tuviera una forma propia de navegar sin encallarse. Lo mismo puede decirse en relación a los embarcaderos los cuales eran muchas veces muy rústicos y de difícil acceso. Por otra parte las mareas, corrientes y condiciones del desplaye hacían trabajosas y peligrosas las faenas de carga y descarga. La gente tenía muchas veces que equilibrase en escaleras y tablones para poder acceder a las lanchas. Todo esto bajo lluvia, frío y humedad.
La calidad de la construcción de estas lanchas, sus herrajes, jarcias, arboladura eran de tipo casero. Su mantenimiento también. Esto no significaba que fuera de mala calidad sino quizás de calidad insuficiente de acuerdo a los estándares actuales de navegación para la zona geográfica y climática en las cuales operaban.
La lancha chilota navegaba bien cuando estaba cargada y con viento en la aleta me aseguraba el capitán, armador y carpintero Percy Mautor. Su proa cortaba el agua en vientos suaves y se encumbraba en la ola cuando soplaba más fuerte. Esto último se debía a que los hombros de esta lancha son llenos lo que le da gran flotabilidad. Como su quilla era de poca profundidad y el casco bajo la línea de agua era casi plano tendía a escorarse y a derivar con vientos fuertes. El capitán iba expuesto a las inclemencias del tiempo pues la lancha chilota no tenia puente u otra forma de protección. Las mantas y gorros de lana cruda eran los más usados para protegerse de la lluvia y el viento. Le ayudaban en la navegación y en las faenas de carga y descarga sus hijos, parientes o amigos. Todos aprendían el oficio de marinero practicando desde niños.
El capitán era además carpintero, mecánico, cuidador, cartero, cargador, hombre de todos los oficios. Cuando navegaban con la familia las mujeres eran las que mantenían el hogar a bordo, cuidando de los hijos, de la comida, el lavado, la salud, el abastecimiento, y en algunos casos, eran las tesoreras y las que hacían los negocios. Y también ayudaban en las faenas de navegación y fondeo.
Los capitanes de estas lanchas no usaban cartas náuticas, radio, barómetro, corredera u otro instrumento, que no fuera el escandallo. Quizás alguno tuviera un compás o brújula rudimentaria. Tampoco había suficientes ayudas a la navegación como faros o boyas. Se navegaba de preferencia no muy lejos de la costa a fin de poder ver las referencias de tierra, protegerse del tiempo que casi siempre venia del sur oeste u oeste para poder rápidamente fondearse en caso de cambios bruscos del clima. Los vientos del norte traían temporales.
Para navegar el capitán confiaba en su experiencia, ganada por las innumerable veces que navegó en esas aguas, poniendo atención a los detalles del entorno y referencias de tierra tales como cumbres de montañas, perfiles de sierras, colores y formas de los cerros y lomas, ubicación de iglesias, las cuales tenían campanarios altos y se mantenían pintadas de colores, acaso como un tácito acuerdo con los párrocos para servir de guías a la navegación o quizás por acuerdo con la Armada de chile.
Otras referencias de tierra estaban constituidas por casas con características especiales, caseríos, pueblos, bosques de determinadas formas geométricas, árboles excepcionalmente altos y otras marcas de la costa. Con la llegada de la electricidad los pueblos iluminados de noche constituían verdaderos faros o referencias para este tipo de navegación.
Estas marcas se usaban de múltiples formas, combinándose para formar con dos o más una línea de demarcación o range que sirviera para fijar temporalmente un rumbo. A veces se usaban dos o más demarcaciones para formarse una idea aproximada de la posición de la lancha sean para salvar un escollo, entrar a un fondeadero o estimar una distancia.
La posición del sol, la luna y las estrellas, la estación del año, la hora del día, el día del mes, la dirección del viento y de las corrientes, el estado de las mareas, el color del agua, las marcas del agua en las rocas y laderas, las piedras o arenas del fondo, eran todas señales que usaba, consciente o inconscientemente, en su navegación. Era una navegación a estima usando datos de velocidad, tiempo y distancias en forma rústica o al ojo basado en observaciones del mismo tipo. “Pura costumbre no más patrón”, me decía un antiguo capitán. .
Cada capitán tenia sus propias preferencias en la determinación y selección de referencias para cada navegación o puerto de destino dependiendo de la dirección en que lo hacia, la época del año y las condiciones del tiempo. En la marcha tenía muchas veces que hacer ajustes y en oportunidades correr a tierra para fondearse, capeando el mal tiempo. Su conocimiento de la geografía, su capacidad para encontrar lugares resguardados, navegar por zonas estrechas y correntosas y más o menos saber en que lugar se encontraba eran su mayor preocupación.
Esta forma de navegación, basada en observaciones prácticas era pasada de padres a hijos y algunas veces a otros tripulantes de confianza. Era una tradición oral. Se aprendía practicando, observando, escuchando, por varios años. Quizás algunos tenían algunas notas hechas a lápiz en algún cuadernillo ahora perdidos en el tiempo.
Los capitanes que entrevisté, de diversos tipos de embarcaciones, me señalaron que ellos no usaban cartas náuticas. Los de embarcaciones menores en su mayoría siguen usando las técnicas de navegación costumbrista antes indicada, con la posible adición de una brújula, un sonar y hoy día un teléfono celular. Los capitanes de embarcaciones artesanales mayores, usan instrumentos de navegación modernos en sus faenas de pesca semi industrial
Seria interesante documentar en forma detallada esta forma práctica de navegación, identificando en cartas náuticas, con notas explicativas, todas estas referencias y métodos de navegar. Esto último seria otro capítulo del rescate del patrimonio cultural del pueblo chilote, quizás único en lo que se refiere a la navegación en esta zona.
Me pareció adecuado reproducir la letra de esta canción pues da una clara idea del valor cultural que se generó alrededor del chilote navegante y sus actividades, leyenda que se mantiene hasta nuestros días.

En una aldea costera
De plomizadas arenas
Vivía un viejo marino
Que cantaba hasta dar pena

Fue pescador y lobero
En aquellos años mozos
Ese chilote marino
Como el no hay otro
Y no habrá nunca más.

Hoy recordando el pasado
Siente ansias de llorar
Piensa en su bote marino
Cuando sale a navegar

Con las arquías tiritando
Tiene un prete ventarrón
Confía él en su gente
Desde la proa al timón.

Suelta esa vela muchacho
Que es la orden del capitán
Que un temporal ya se asoma
Por las alturas del mar.

Vuelve a su casa tranquilo
De su pescaza gozoso
Este chilote marino
Como el no hay otro
Y no habrá nunca más.
Hoy recordando el pasado
Siente ansias de llorar
Piensa en su bote marino
Cuando sale a navegar

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