LCh/ EL KUYULCHE

Investigando los diarios locales de Concepción (en el Internet) encontré por casualidad una entrevista que le hacía la revista Panorama, de la Universidad de Concepción, a un doctor llamado Hugo Corvalán. La entrevista aclaraba que el Dr. Corvalán se había retirado de las Naciones Unidas y en la actualidad enseñaba en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. En otra entrevista hecha por un diario local se agregaba que era un dedicado velerista en el lago Villarrica, donde tenía una lancha chilota.
Inmediatamente me puse en contacto con el a través de una dirección electrónica que se agregaba al final de la entrevista de Panorama. Cual no sería mi sorpresa cuando recibí casi de inmediato una respuesta del Dr. Corvalán. En los meses siguientes don Hugo me proporcionó valiosa información sobre su lancha y contactos con carpinteros de ribera y armadores en Chiloé Continental, la isla grande de Chiloé y Calbuco.
El Dr. Corvalán es un gran entusiasta de las tradiciones marinas de la zona del Gran Chiloé al extremo que compró dos lanchas chilotas. La primera lamentablemente no se pudo rescatar debido al lamentable estado en que quedó después del temporal que la golpeó casi mortalmente cuando la llevaban de Chiloé Continental a Calbuco para restaurarla. La segunda lancha fue posible restaurarla y se rebautizó con el nombre de Kuyulche.

Es interesante destacar que el Dr. Corvalán y su hijo Hugo Antonio Corvalán San Martín, (arquitecto naval, quien trabaja en la actualidad para Shell Co. en Texas) han hecho investigaciones sobre la lancha chilota, con la intensión de rescatar, proteger y diseminar este patrimonio cultural de Chile. Hugo Antonio Corvalán preparó un proyecto en ese sentido el cual fue, hace ya unos años, presentado a la Shell Co. para su financiamiento. Desafortunadamente el mismo no fue aprobado por esta compañía pero quedó su contenido el cual todavía tiene vigencia.

Una nota interesante que me envió Hugo Antonio Corvalán: “Durante mi estadía en Holanda hace algunos años leí sobre los lazos de Chile con Holanda y observé la similitud entre las embarcaciones de pesca holandesas y las lanchas chilotas. Basado principalmente en esas observaciones e investigaciones históricas sobre la presencia holandesa en Chiloé durante los siglos XVI y XVII postulé que la lancha chilota tiene una gran influencia de la arquitectura naval holandesa de esa época. Intenté ver si había algunos estudios específicos sobre el tema pero me parece que no existen. Buscaré los textos de referencia sobre esto y se los enviaré con gusto. Los textos son producto de un proyecto auspiciado por los holandeses que resultó en exposiciones en Chile y Holanda sobre esta relación histórica muy curiosa y poco conocida”.
La lancha chilota Kuyulche pertenece en la actualidad al doctor Hugo Corvalán y a su hijo Hugo Antonio. Ambos decidieron llevarla al lago Villarrica donde es posible para ellos preservarla mejor y navegar más a menudo. De acuerdo a Don Hugo, la palabra Kuyulche significa, en leguaje mapudungun, gente del carbón. (Kuyul significa carbón). Su hijo la bautizó con ese nombre para referirla a la ciudad de Coronel, lugar donde nació y se crió su padre antes de ir a la Universidad de Concepción a estudiar medicina. “Es un homenaje simple a gente muy sacrificada y abandonada” agregó el doctor Corvalán, aclarando aún mas la elección de ese nombre.
El nombre original de esta lancha fue “Carmen Gloria” y quién se las vendió, en 1999, fue el señor Eliseo Calbucura, de Lleguimán, en Chiloé Continental. Don Eliseo Calbucura y su familia son conocidos carpinteros de ribera de esa zona. De acuerdo con Don Hugo esa lancha fue construida hace unos 30 años. Sus dimensiones básicas son las siguientes: eslora 7.30 metros, manga 3.6 metros y puntal 1.4 metros. El casco de la lancha es de color negro, el verduguete de blanco y la falca de rojo. Se uso óleo sintético.
Que mejor que la propia voz del Dr. Corvalán para describirnos su embarcación: “La quilla, roda, espejo, cuadernas y entablado son de ciprés. La cubierta y el mástil de alerce. Cuando la compramos, continúa el Dr. Corvalán, me pasé dos meses raspando su casco, cubierta e interior para recuperar la madera a su condición original. Una vez hecho esto le di varias manos de impregnantes y preservantes de madera. El interior lo barnicé en color caoba, oscuro, a fin de hacer desaparecer manchas que no pude eliminar.
“Le construí dos camarotes, uno a cada costado, desde el mástil hacia la popa y un área amplia para dormir a proa, desde el mástil hacia la proa, algo más elevado que el piso para aprovechar el espacio. En la popa construimos un mamparo con celosías para separar la zona del motor del resto de la cabina. Quedó un espacio de aproximadamente 1.5 metros entre el extremo de los camarotes y el mamparo, que se ve muy atractivo por la curvatura que da el piso de raulí que le instalamos en Pucón. Este espacio puede acomodar para dormir a dos personas a lo ancho de la embarcación. En un costado de este espacio construimos un pequeño armario para guardar vituallas y otros objetos que se guardan con llave. Además le agregamos una salamandra para los días de lluvia y frío en Chiloé. Poco se usa en Pucón, pero esta ahí para la navegación en invierno, cuando nadie se aventura en el lago. Parte de la corta chimenea puede verse en las fotos.”
El Dr. Corvalán: “como te decía la cubierta es de alerce y la barnizamos agregándole un poco de arena fina como elemento para evitar los resbalones en tiempo húmedo. La cubierta es ligeramente combada, convexa, para facilitar el escurrimiento del agua, pero he visto otras embarcaciones con cubierta mas combada, por ejemplo la lancha que compré y se me destruyó. Esa comba es muy atractiva.”
“A ambas escotillas les pusimos ventanas para hacer mas cómodo el interior. La escotilla pequeña de proa, que está a estribor tiene un ojo de buey de bronce de unos 20 centímetros de diámetro. En la escotilla grande y rectangular adaptamos una ventana marina de bronce, rectangular, con doble vidrio, que Toño trajo desde Holanda y que puede abrirse permitiendo ventilación en los días de lluvia. A la escotilla grande le pusimos ruedas para facilitar su deslizamiento sobre la cubierta. En el exterior de esta escotilla fijé una especie de bandeja que tiene agujeros para colocar tres vasos y una superficie para cortar quesos, todo imprescindible para navegar bien”
“El bauprés es de mañio y mide 1.60 metros. El mástil es de alerce y mide 9 metros “mas un cachito agregado de 70 centímetros para poner la bandera”. La botavara tiene 6.20 metros de largo y la vela llega casi a su extremo”. Un dato curioso, me dice don Hugo, “es que nosotros usamos cuerdas con bolas de madera, al estilo holandés, para fijar la vela al mástil, a diferencia de los chilotes que usan aros de alambre. La izada de la vela es mucho más fácil y puedo hacerlo solo en unos tres minutos.” Las velas fueron mandadas a hacer a Holanda de Kevlar “un material muy moderno y de gran resistencia”. El doctor Corvalán tomó las medidas de las velas existentes al momento de su compra y las mandó a Holanda por fax. Lamentablemente esas velas originales habían sido recortadas en aproximadamente un metro porque estaban muy viejas, por lo que las nuevas velas vinieron en un tamaño mas pequeño. También tienen un grupo de velas de repuesto de lona común.
“El Kuyulche tiene un motor chino, estacionario, a petróleo de los mismos que usan en aserraderos o como generadores de energía eléctrica u otras aplicaciones. “Compramos este motor, que es ruidoso, porque Calbucura tenía otro parecido y era mas barato. Tampoco teníamos ninguna experiencia para elegir otro motor. En retrospectiva la elección fue muy buena, ya que este motorcito de 15 HP es solo para emergencias y maniobras de atraque, muy resistente y económico y no requiere mantenimiento especial. Eso si le agregamos una caja de cambio con neutro y dos marchas: adelante y retroceso. Este año le puse una polea, generador y caja reguladora de voltaje para recargar las baterías y generar luz cuando se necesita.”
Don Hugo Corvalán me decía que las “capacidades marineras del Kuyulche han sido celebradas por dos buenos marinos que participan regularmente en regatas oceánicas. Uno de los marinos es dueño de una marina en Puerto Montt y quedó tan entusiasmado que me confesó que se había dado cuenta después de la navegación que una embarcación chilota era lo que andaba buscando. Le di el dato de varios carpinteros, continúa don Hugo, pues quiere construir una grande y equiparla completamente.” Continuando con la descripción de don Hugo: “Como no tiene quilla la ceñía no es buena, sin embargo mejora mucho cuando el foque se navega a la chilota, esto es con cuerda fija y bien atrincada, dejándola libre en el ojetillo del foque. Esto permite mantenerlo bien cerca del mástil con lo que mejora la ceñida.”
“El Kuyulche deriva bastante. No cabecea mucho con las olas y se siente segura y estable, aún sin lastre. Nunca lo usamos (el lastre) pero creo puede agregar capacidad marinera. Empopado navega deliciosamente y muy rápido ya que la vela es una verdadera muralla. El espectáculo es magnífico cuando hacemos oreja de burro, esto es el foque en dirección opuesta a la mayor. A fin de no tener que depender de terceros para navegar, he arreglado las escotas y todo el aparejo para navegar solo y no he tenido problemas aún con vientos mas fuertes, aunque el ideal es maniobrar de a dos”.
“Estas embarcaciones son duras de hocico para los virajes lo que requiere acuartelar el foque a menudo. Esta maniobra puedo hacerla solo desde la caña del timón y solo raras veces debo dejarlo para acuartelar mas profundamente.”

“La verdad es que la navegación es deliciosa con vientos moderados, un verdadero relajo para el espíritu. La vela cangreja es tan hermosa desplegada que el Kuyulche es la atracción del lago durante el verano. Incluso fue fotografiado para un calendario de un condominio muy elegante en Pucón”.
“Una vez navegando con mucho viento con mi hijo Toño y mi nieto Tonino, medimos 10 nudos de velocidad en el GPS. No tengo instrumentos para medir el andar en el lago Villarrica. Lo único que puedo decirte es que con vientos fuertes de aleta (18 a 20 nudos) un par de J 24 no han podido darme alcance, aunque puede ser que los skippers no fueran muy duchos. Esta claro que estos barquitos guatones no están hechos para correr”.

“En Villarrica no usamos cartas náuticas. Solo tenemos una brújula, aunque ni eso es necesario en realidad y un celular. A veces navegamos con viento Puelche, algo a lo que no se atreve ninguna otra embarcación en el lago. Cuando el Kuyulche estaba en Chiloé usábamos cartas náuticas, GPS, brújula y celular.”

“Los niños, que tienen pequeñas embarcaciones a motor, son asiduos “asaltantes del Kuyulche y yo los dejo abordarme para que sepan lo que es navegar a vela. Para ellos me pongo un turbante azul de tuareg con el resultado de que la imagen que tienen de un barco pirata queda casi completa.”
Esta lancha participó en una de las regatas a la laguna San Rafael y también en una de las regatas Velas del Sur (Puerto Montt a Calbuco), en la cual fue capitaneada por Roberto Zúñiga, un carpintero de ribera de Calbuco, quien estaba a cargo de su mantenimiento. Don Hugo Corvalán me hizo notar que el Kuyulche ha navegado mucho en la zona de Chiloé y agregó: “aún mas, mi hijo hace tres años trajo a un grupo de 7 colegas desde Holanda con los cuales navegó hasta el parque Pumalín. Imagínese lo que fue aquello cuando en una embarcación tan pequeña navegaron 6 hombres y una mujer, todos los cuales tenían interés en conocer una clásica lancha chilota.”
Un comentario adicional de don Hugo, que da un toque pintoresco a esta descripción marina es el siguiente: “Un francés reconstruyó un viejo barco de navegación lacustre (en Villarrica), muy similares a los antiguos barcos europeos que aún navegan en sus lagos. Los he visto en el lago Ginebra. Se llama Chucao y tiene un motor a vapor del 1800, con caldera a leña y coke. Después de muchos años de batallas con los marinos, finalmente le autorizaron el zarpe este año y hace viajes turísticos desde la poza de Pucón. El Chucao y el Kuyulche a quienes hacemos navegar juntos y a una misma velocidad, cruzándonos y recruzándonos en nuestras estelas son un espectáculo turístico aparte. Somos los mas fotografiados”.

Siguiendo la pista a ese extraordinario viaje de Calbuco a Pumalín me comuniqué, a través de Hugo Corvalán padre, con Hugo Corvalán hijo quién vive y trabaja actualmente en Perth, Australia, para consultarle sobre los detalles y anécdotas de ese memorable viaje que hizo en el Kuyulche con un grupo de colegas de la Shell-Holanda. En sus propias palabras esto es lo que me mandó:
“Nuestro viaje en el Kuyulche (es curioso pero este barco es masculino en vez de femenino, según la tradición) con siete colegas hombres de la Shell Holanda, y una colega mujer, empezó en Calbuco. Salimos navegando hacia la cordillera con destino a Pumalí. Pescamos jureles desde la popa durante la cruzada y pasamos la primera noche en el extremo sur de la Isla Queullín, donde la mitad de la tripulación se fue a tierra a acampar. En la noche hicimos una fogata en tierra donde cocinamos los jureles y comimos papas chilotas que nos ofrecieron gentilmente los lugareños, al cual agregamos un vino pipeño que teníamos entre nuestras provisiones.”
“A día siguiente seguimos nuestro viaje sin tener contacto con radios o información sobre el tiempo, que para nuestra sorpresa nos daría una tremenda prueba la siguiente noche. El cielo comenzó a oscurecer y la lluvia aumentaba amenazantemente con el viento. En ruta por el fiordo Comau decidimos entrar a un fiordo más pequeño para protegernos de lo que ya se asomaba como un temporal. Estábamos buscando las termas de Cahuelmó que nos habían recomendado en ese fiordo para el cual teníamos una carta de navegación. Sin embargo, para nuestra sorpresa, las coordenadas de la carta no correspondían con las de un GPS que teníamos.”
“Al tratar de aproximarnos a las termas el temporal se desató con una furia impresionante. Nos refugiamos cerca de la orilla tirando un ancla algo precaria mientras observábamos el agua cayendo del cielo y las laderas de la cordillera donde aparecían ríos y cascadas por todos lados. De repente sentimos como se rompía la cuerda que nos sujetaba con el ancla y pensamos en lo peor. La suerte estuvo a nuestro lado ya que la marea estaba bajando rápidamente y el Kuyulche ya estaba varado.”
“Pasamos la noche con la lluvia y el viento azotando nuestra embarcación con una furia que yo no había experimentado nunca, ni en las peores tormentas del mar del norte europeo. Todos estábamos completamente empapados y nos mantuvimos en buen estado de ánimo con la salamandra que habíamos instalado con mi padre años antes la cual nos proporcionó algo de calor y una actividad para mantener la calma.”
“Al amanecer la lluvia había parado pero el viento seguía soplando muy fuerte hacia dentro del fiordo. Cuando subió la marea intentamos salir con motor pero la fuerza del viento de proa nos mantuvo dentro del fiordo, a pesar de nuestras maniobras con la vela rizada y con el pequeño motor al máximo. A medio día una pequeña baja en el viento nos permitió avanzar lentamente hasta la boca del fiordo. Esto fue suficiente para levantar mas la vela y cruzar hacia la salmonera que ofrecía mejor refugio.”
“Logramos llegar a la salmonera con gran esfuerzo y fuimos muy bien recibidos y pudimos pasar la noche recuperándonos. Allí nos encontramos con un velero oceánico que recién había cruzado el Pacífico Sur desde Nueva Zelanda y que buscó refugio en la salmonera para sobrevivir la tormenta de la noche anterior. Ellos nos contaron que habían cruzado el Pacifico desde Nueva Zelanda y la peor tormenta que habían encontrado fue esa en los mares de Chiloé. No podían salir de su asombro ni comprender que una embarcación tan pequeña y sin instrumental pudiese haber hecho frente a esa tremenda tormenta. Después supimos que la tormenta que enfrentamos había sido la mas grande en diez años en esa zona.”

“Cuando logramos recuperarnos y reorganizar nuestra embarcación y con tiempo mejorado nos dedicamos a recorrer Huinay, Vududahue, Leptepu y otros lugares hermosos que no aparecen en los mapas ni en la carta marina que teníamos y cuyos nombres he olvidado. Finalmente nos adentramos en la selva y caminamos hasta el fiordo Reñihue. Acampamos en tierra una noche y conocimos a los lugareños que tienen una vida aislada pero son cálidos y cordiales, ofreciendo compartir con nosotros sus pescados, mariscos y pan amasado. La vuelta a Calbuco fue muy agradable con las brisas suaves y el sol que suele seguir a una tormenta, y aprovechamos la oportunidad de relajarnos en varias termas a lo largo de la ruta, de las cuales recuerdo el nombre de Llancahue”.
“Esta fue una experiencia maravillosa de diez días de navegación donde tuvimos todos los climas imaginables. Fue un experimento tener ocho personas confinadas en un espacio pequeño y precario por tantos días, sin embargo el hecho de que Shell nos había contratado al mismo tiempo y nos estrenamos como equipó contribuyo a mantener la armonía y el espíritu de equipo que se necesita en un viaje de esta naturaleza, sin casi preparación alguna, con pocas provisiones y en un ambiente multicultural, donde enfrentamos incluso el riesgo de zozobrar y las consecuencias que ello puede tener. Éramos un chileno, un mexicano, tres ingleses, dos shrilankaneses, y un holandés.”
“Hasta el día de hoy recordamos este viaje y permanecemos en contacto los “marinos” que se han repartido por el mundo. El compartir la navegación a vela y en un tipo de embarcación que ya es historia agrega una dimensión muy especial para todos nosotros. No puedo menos que expresar algo de tristeza al reconocer que han sido extranjeros quienes se atrevieron a navegar conmigo por el placer de visitar lo que fue la navegación a vela en Chiloé con estas hermosas barcas chilotas.”